martes, 9 de febrero de 2010

Los 10 países que más contaminan





El debate internacional gira en torno a las opciones que existen para países ricos y países en desarrollo frente a la reducción de gases contaminantes. Hasta ahora Estados Unidos ha ocupado el primer lugar en estas categorías, pero algunos estudios preliminares indican que China habría tomado esta posición.
ESTADOS UNIDOS
Estados Unidos, el país más rico del mundo, es también el que más emite gases que contribuyen al efecto invernadero (22% del total).
Cuando se firmó el Protocolo de Kioto en 1997, Washington se comprometió a reducir sus emisiones en un 6%. Pero poco después se retiró y hoy en día sus emisiones de dióxido de carbono han aumentado en un 15%, con respecto a los niveles de 1990.
Pero en marzo de 2001, el presidente George W. Bush anunció que no ratificaría el protocolo argumentando que perjudicaba a la economía de su país y que no se exigía a las naciones en vías de desarrollo que redujeran sus emisiones.
Así que Bush optó por apoyar las reducciones de emisiones voluntarias -en vez de imponer metas- a través del desarrollo de tecnologías ecológicas.
CHINA
China es el segundo más grande emisor de gases con efecto invernadero, pero por ser un país en desarrollo, todavía no se le ha exigido que reduzca sus emisiones.
Si se toma en cuenta que China tiene un quinto de la población mundial, cualquier aumento en la emisión de gases eclipsaría cualquier esfuerzo que hagan los países industrializados.
Un chino consume entre el 10 y 15% de la energía que consume un ciudadano estadounidense, pero con una economía que crece a toda velocidad, varios analistas esperan que para mediados de este siglo estas cifras se equiparen.
El gobierno de China reconoció que el cambio climático podría devastar su sociedad y ratificó el Protocolo de Kioto en 2002.
Dos años más tarde, Pekín anunció que para el año 2010, utilizarían un 10% de energía proveniente de recursos renovables.
UNIÓN EUROPEA
Todos los países miembros de la Unión Europea ratificaron el Protocolo de Kioto en mayo de 2002.
Como uno de los firmantes más entusiastas del Protocolo, la UE aboga por que se implanten medidas rigurosas para el cumplimiento del protocolo.
Por ejemplo, quiere que se limiten los “mecanismos de flexibilidad”, que permitan a los países a cumplir con sus metas si pagan para que otros mejoren sus condiciones.
No obstante, a pesar de su firme postura en Kioto, los países miembros están muy lejos de cumplir sus objetivos.
Se comprometieron a reducir en más de un 8% las emisiones de gas con efecto invernadero para 2008-2012, pero para 2002, sólo habían conseguido reducir un 2,9%.
RUSIA
Rusia ratificó el protocolo en el 2004, después de dos años de debates y negociaciones.
Cuando Rusia firmó el acuerdo en 1997, se comprometió a reducir las emisiones de gases.
Pero debido a que su actividad industrial ha caído drásticamente desde 1990, las emisiones de gas han bajado. A mediados del 2005 se estimaba que las emisiones se habían reducido en un 35 por ciento con relación a 1990.
Es por eso que Moscú se vería beneficiado al vender su cupo de emisiones “no usadas” a los países en desarrollo que necesitan emitir más gases de lo que se está permitido bajo Kioto.
INDIA
Los países en desarrollo como India no están obligados a reducir sus emisiones.
Aún cuando este país sólo ha publicado sus datos en 1994, se estima que las emisiones aumentaron más de un 50% en los años 90.
Con una economía que está creciendo a un ritmo anual de 9 por ciento, India está hoy en día en la lista de los mayores emisores.
Las autoridades reconocen que la mayoría de la población del pais se verá afectada por los efectos del cambio climático y ratificó el protocolo en agosto de 2002.
JAPÓN
Una de las más grandes potencias mundiales, Japón se considera uno de los principales promotores de Kioto.
En 1990 era responsable del 8,5% de las emisiones de gases contaminantes. En un momento, Tokio se rehusó a ratificar el protocolo si Washington no lo hacía también. Pero en 2002 decidió ratificarlo y se comprometió a reducir las emisiones en un 6% de los niveles tomados en 1990.
No obstante, datos de la ONU, dados a conocer a fines de 2006, señalan que Japón ha aumentado en un 6% las emisiones de gas que causan el efecto invernadero con respecto a 1990.
Fuente: BBC Mundo
Fecha de publicación: Viernes, 16 de Noviembre de 2007

lunes, 22 de junio de 2009

Se acelera el retroceso de los glaciares tibetanos


El cambio climático en la meseta tibetana está perturbando los ecosistemas del altiplano más grande del mundo. Las rutas tradicionales de las comunidades nómadas entre campos de pastoreo de altura y los de valles bajos han tenido que modificarse. Pero lo más importante es que los glaciares de la meseta se están encogiendo. En esas masas de hielo nacen los siete ríos más importantes de Asia. Al oriente, Yangtzé, Huang-ho, Irrawady y Mekong; al poniente, Indo, y al sur, Bramaputra y Ganges.
La meseta tibetana se formó hace unos 55 millones de años por la colisión de las placas tectónicas indoaustraliana y euroasiática. Está formada por la cordillera del Himalaya en el sur y los grandes desiertos de Asia central en el norte. Mantiene en promedio unos 4 mil 500 metros de altitud y es una zona que afecta y ha condicionado el clima del planeta.
Este altiplano genera un dosel de precipitación en la parte norte de India durante el monzón porque los vientos del sur, cargados de humedad, al chocar con las colinas de la cordillera descargan las lluvias que dan vida a la agricultura y aumentan el caudal de los ríos. Pero una vez alcanzada la meseta, los vientos ya están más secos y la precipitación es escasa. Las praderas del sur de la meseta apenas pueden servir para que las comunidades nómadas encuentren pastizales para sus rebaños de yaks (Bos grunniens), pero conforme se avanza hacia el norte, el territorio se hace más árido. El origen del desierto de Gobi, entre otros, se encuentra en esta dinámica en Tibet.
El retroceso de los glaciares tibetanos se está desarrollando a gran velocidad. Se calcula que los principales están retrocediendo de 10 a 15 metros cada año. A ese ritmo, para 2100 habrán desaparecido los glaciares más importantes. Pero mucho antes, alrededor de 2050, los ríos de Asia que dependen de los glaciares tibetanos, comenzarán a experimentar cambios dramáticos al caer su nivel.
La desaparición de los glaciares tibetanos (que se estima cubren una superficie de decenas de miles de kilómetros cuadrados) se acompañará de un muy marcado proceso de desertificación de toda la meseta. De hecho, los grandes lagos que antes había en el altiplano también se han ido secando a ritmo acelerado. Eso está cambiando la forma de vida de las comunidades nómadas de la meseta. Los campos tradicionales de pastoreo están cada vez más secos, los animales pierden peso y los rebaños son cada vez más difíciles de mantener.
Sin embargo, lo más dramático no está en los cambios de los ecosistemas de la meseta. Lo importante de todo esto es que esos ríos afectan la vida de varios cientos de millones de personas en India, Pakistán, China y el sudeste asiático. El Yangtzé es la principal fuente de agua para unos 300 millones de chinos. El Bramaputra, el Indo y el Ganges son vitales para otros 200 millones de habitantes de India y Pakistán. Y en cuanto al Irrawady y el Mekong, son la clave de la agricultura y la vida de las poblaciones de la convulsionada Myanmar (Birmania), Tailandia y Vietnam.
Algunos científicos esperaban que los cambios en el patrón de precipitación pudieran revertir la caída en el nivel de, por lo menos, algunos ríos. Sin embargo, la evidencia de los últimos 20 años no parece justificar esta idea. Como ejemplo, varias investigaciones sobre el nivel medio del Yangtzé muestran que el río ha experimentado un declive importante en las últimas dos décadas. Como resultado, este año muchas de las ciudades ribereñas han experimentado una crisis en sus sistemas de aprovisionamiento de agua que dependen del caudal del río.
La disminución de glaciares, la desertificación en el noroeste y la declinación de sus ríos deben ser una señal para Pekín. Sin embargo, la voracidad energética del capitalismo chino parece no tener límites: en años recientes la producción de carbón se ha duplicado (hasta rebasar los mil 200 millones de toneladas anuales) y actualmente se construyen unas 500 plantas termoeléctricas que utilizarán carbón para sus generadores.
En 2006 China rebasó a Estados Unidos y se convirtió en el primer emisor de gases invernadero. Las plantas de su sector energético (69 por ciento de su energía primaria proviene del carbón), aunadas a las de cemento (44 por ciento de la producción mundial) son las principales fuentes de bióxido de carbono en China. Pero hay una diferencia: las emisiones anuales por habitante en ese país apenas alcanzan 3.5 toneladas de CO2 equivalente, mientras en Estados Unidos superan las 20 toneladas. Esta asimetría es uno de los contenciosos más importantes que impide un acuerdo sobre cambio climático. De todos modos, con las tasas de crecimiento de emisiones actuales, para cuando los intereses económicos del mundo se pongan de acuerdo, la suerte de la meseta tibetana ya estará decidida y las repercusiones globales serán inmensas.

jueves, 2 de abril de 2009

Los pingüinos de la Antártida peligran por el cambio climático


La población del pingüino del Antártico está en peligro por el cambio climático, indicó el día 11 el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, siglas en inglés) en la conferencia sobre la materia que se celebra en la isla indonesia de Bali.
Además, el alimento es escaso, por este fenómeno y por la sobrepesca, señaló el texto de “El cambio climático y los pingüinos del Antártico”, que subraya que las cuatro especies de este animal que viven en el continente Antártico están bajo una creciente presión.
La península antártica se está calentando cinco veces más rápido que la media del cambio climático. Así, el Océano Sur se ha derretido hasta 3.000 metros en profundidad.
El informe señaló que el hielo del mar cubre una superficie un 40 por ciento menos que hace 26 años, en la Península Antártica Oeste. Esta caída ha llevado a una reducción del volumen de krill, principal fuente de alimentación de los pingüinos y barboquejos.
Así, las temperaturas más altas, unidas a los fuertes vientos han obligado a los pingüinos a críar a sus polluelos en una superficie de hielo cada vez más fina, que durante muchos años, ha ido quebrándose antes de tiempo, matando muchos huevos y crías, antes de que estuvieran listas para sobrevivir por sí solas.Los pingüinos Adelia, cuya población total ya se redujo en un 65%, sufren “un dramático declive”, explicó Anna Reynolds, responsable del WWF, durante la presentación del informe coincidiendo con la conferencia sobre el cambio climático de Bali (Indonesia).
El calentamiento es cinco veces más rápido en la Antártida que en el resto del planeta. Esto se traduce, paradójicamente, en avalanchas de nieve más abundantes que perturban el modo de vida del pingüino Adelia, explicó.
También el número de pingüinos Emperador se redujo de forma alarmante, un 50%, principalmente debido a que la capa de hielo pierde extensión y espesor.
En cuanto a los pingüinos Yugular, su población decayó entre el 30 y el 60%. La cuarta especie, los Gentoos, también sufre los efectos del cambio climático, que provoca la disminución del pescado para su alimentación.

viernes, 16 de mayo de 2008

Alertan del peligro de la fundición del hielo de la Antártida








La fundición de la densa capa de hielo que cubre la parte occidental de la Antártida podría elevar en casi 4,9 metros el nivel de los océanos, según las alarmantes predicciones de un equipo de científicos británicos. Los expertos, del British Antartic Survey (BAS), con sede en Cambridge (Reino Unido), han descubierto que esas masas de hielo, que se creían hasta ahora estables, pueden comenzar a desintegrarse, según se explicó en una conferencia internacional sobre el clima que se celebra desde el martes en la ciudad inglesa de Exeter.
El equipo del BAS, que ha medido la densidad de la capa de hielo, ha llegado a la conclusión de que este último se está desprendiendo y cayendo al mar a un ritmo anual de 250 metros cúbicos, lo que de por sí está elevando ya el nivel de los océanos en un quinto de milímetro por año. El profesor Chris Rapley, director del British Antartic Survey, declaró a los expertos reunidos en Exeter que ese descubrimiento había alertado a la comunidad científica sobre el peligro que representa ese fenómeno para el conjunto del planeta.
Hace cuatro años, en el último informe del grupo intergubernamental sobre cambio climático de las Naciones Unidas, se desestimaron las señales de alarma en ese sentido. En aquel informe se presentaba a la Antártida como un “un gigante adormecido” en términos de cambio climático, pero yo diría que el gigante se ha despertado. Estamos muy preocupados”, afirmó el científico británico ante sus colegas. Rapley agregó que hoy no es posible compartir el optimismo de estudios anteriores, según lo cuales no había peligro de que esa capa de hielo se desintegrase antes del año 2100.
Zonas enteras de costa sumergidas
El eventual colapso de esos hielos antárticos constituiría un desastre de proporciones gigantescas ya que sumergiría enormes zonas costeras de países tanto en desarrollo como desarrollados. La conferencia de Exeter (suroeste de Inglaterra) es parte de los esfuerzos del gobierno Unido de aprovechar su presidencia, este año, del G-8 (los países más ricos y Rusia), para llamar la atención del mundo sobre el cambio climático.
El primer ministro británico, Tony Blair, ha pedido a los científicos reunidos en esa ciudad británica que traten de determinar a partir de qué momento el cambio climático al que asistimos comenzará a tener consecuencias catastróficas tanto para las sociedades del planeta como para los ecosistemas.
El martes se presentaron varios informes en la reunión, entre ellos uno que advertía del posible impacto del cambio climático en la corriente del Golfo, pero el que causó más alarma fue precisamente el relacionado con el hielo de la Antártida.
Rocas por debajo del nivel del mar
Este continente está cubierto por una espesa capa de hielo, que aparece muy estable en su parte oriental debido a que descansa sobre un macizo rocoso más elevado. Los científicos comenzaron a preocuparse por la fundición del hielo polar hace ya más de un cuarto de siglo, cuando descubrieron que las rocas que le sirven de base están en buena parte muy por debajo del nivel del mar.
Algunos expertos llegaron entonces a la conclusión de que en determinadas circunstancias, por ejemplo, en el caso de se fundiese el borde de la capa de hielo debido a la elevación de la temperatura, el agua del océano podría ir socavando esa masa helada, que terminaría desintegrándose.
A despecho de las conclusiones relativamente tranquilizadoras al respecto del informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de hace cuatro años, los científicos británicos han detectado el rápido desplome de hielo en el mar de Amundsen a partir de tres zonas, la isla de los Pinos, Thwaites, y otra no mencionada. “Nuestro descubrimiento reabre el debate” sobre la amenaza que supone el deshielo antártico, afirmó el director del BAS. En la misma conferencia, científicos israelíes predijeron también la rápida desaparición de los arrecifes coralíferos conforme vaya aumentando la acidez de los mares por la absorción del dióxido de carbono de la atmósfera.
Los océanos absorben aproximadamente un 48 por ciento de las emisiones de CO2 causadas por el hombre, lo que retrasa el efecto invernadero, pero al mismo tiempo aumenta la acidez de las aguas oceánicas, y esto representa un peligro para los corales y otros organismos.

viernes, 9 de mayo de 2008

El agujero de la capa de ozono podría empezar a decrecer



El debilitamiento o agujero de la capa de ozono que se genera anualmente sobre el Polo Sur y la Antártida empieza a decrecer, sin que su tamaño haya alcanzado los máximos registrados en 2000 y 2003, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

“El de este año es el tercer mayor agujero de la historia, pero su tamaño empieza a reducirse sin haber llegado al máximo, lo que quiere decir que los pactos mundiales al respecto van dando sus frutos”, explicó esta semana el científico Geir Braathen, del Departamento de Investigación Atmosférica y Medio Ambiente de la organización internacional.

La emisión a la atmósfera de determinados productos químicos daña progresivamente la capa de ozono, que protege al planeta de los perjudiciales rayos ultravioletas, capaces de causar cáncer de piel o afecciones oculares, entre otras patologías.
Mientras que en 2003 el agujero llegó a medir 29 millones de kilómetros cuadrados, este año no ha superado los 26,9 millones.

Las medidas adoptadas a través del Protocolo de Montreal para tratar de disminuir la concentración de sustancias dañinas para la capa de ozono, como los clorofluorocarbonados (CFC) o el halón, deberían permitir que ésta se restableciera completamente en torno a 2050.

En cualquier caso, Braathen cree que no se podrán extraer conclusiones definitivas hasta que se observe la evolución de la capa de ozono durante al menos diez años.
En ese plazo será cuando los gases que han causado su deterioro empiecen a desaparecer de la atmósfera, siempre que se reduzca su consumo. Sin embargo, un “fortalecimiento” de la capa de ozono no garantiza la “buena salud” de la atmósfera, amenazada por el aumento del efecto invernadero y el consiguiente cambio climático, alertó Braathen.

Se calcula que durante el siglo XX la temperatura media de la Tierra subió medio grado y para los próximos cien años se estima que subirá entre 1,4 y 5,8 grados, incremento desconocido en los últimos 10.000 años.

El efecto invernadero se produce por la expulsión a la atmósfera de gases como el dióxido de carbono (emitido por la quema de combustibles fósiles), los CFC (por aerosoles y ciertos electrodomésticos), el óxido de nitrógeno, N2O (por el uso de fertilizantes o la quema de biomasa) y el metano, CH4 (por los rumiantes o en vertederos o arrozales).

Desde la Revolución Industrial, la concentración atmosférica de CO2 ha aumentado cerca del 30% y la de N2O el 19%. La de metano se ha duplicado y la de CFC triplicado.
Esos gases forman una película que evita que parte del calor del sol deje la atmósfera y vuelva al espacio, lo que eleva la temperatura de la superficie del planeta.

Efectos del cambio climático en nuestro entorno


Un estudio de 400 científicos pinta un panorama apocalíptico a final de siglo: olas de calor, plagas, incendios y desaparición de especies. El escenario proyectado por el estudio, en caso de que no se pararan las emisiones de gases contaminantes, sería el siguiente…
TEMPERATURAS Y MAR
Siete grados más en verano. La proyección más desfavorable estima que entre 2070 y 2100 las temperaturas subirán hasta 7 grados en verano y 4 en invierno. Se incrementarán los días con temperaturas máximas extremas, sobre todo, en primavera. Los científicos desconocen si las especies serán capaces de evolucionar y adaptarse al cambio climático. Las islas son las áreas más vulnerables. Se prevé una reducción de la productividad marina y, por tanto, de las capturas. La subida del nivel de las aguas puede llegar a un metro. Se perderían playas, sobre todo en el Cantábrico, y se inundarían zonas como el delta del Ebro, Manga del Mar Menor, costa de Doñana…
MENOS AGUA
Cuencas resecas y más incendios. Como lloverá menos, las reservas de agua disminuirán. A finales de siglo, podría haber un 22% menos de agua en España. Las cuencas más afectadas serían las del Guadiana, Segura, Júcar, Guadalquivir y otras áreas de Andalucía, Canarias y Baleares. Habrá más incendios y una mayor demanda de regadío. Las tierras de cultivo se empobrecerán. Será necesario redefinir la política hidráulica, energética, agrícola, científica y medioambiental, entre otras.
FLORES Y ANIMALES
Migraciones hacia el Norte. Desaparecerán flores y especies animales exclusivas de la Península. Otras migrarán hacia el Norte o buscarán mayores alturas. Las especies forestales se verán afectadas: la polinización será más prolongada, habrá más casos de asma.
AGRICULTURA
Más plagas y parasitos. El incremento de las temperaturas aumenta el nivel de estrés: las explotaciones serán menos rentables. Habrá cambios en el alcance y distribución de las plagas. Inviernos más suaves y húmedos incrementarán la supervivencia de los parásitos. En Pirineos, cordillera Cantábrica y cordilleras Béticas habrá más aludes y desprendimientos. También, mayor erosión.
EFECTOS PARA EL HOMBRE
Se incrementará la demanda de petróleo y gas natural para hacer frente al consumo energético. Las alteraciones en los ecosistemas harán que éstos no aporten los beneficios sociales, económicos y ambientales actuales, afectando al turismo. Aumentará la contaminación y los problemas de salud. Podría incrementarse la incidencia de enfermedades transmitidas por mosquitos, como dengue, enfermedad del Nilo Occidental, malaria o garrapatas.
Los mayores de 65 años y las personas con bronquitis crónica, asma o enfermedades cardiacas son los grupos más vulnerables al posible incremento de la contaminación atmosférica. Habrá más ozono y mayor número de partículas en suspensión.

viernes, 2 de mayo de 2008

EL CAMBIO CLIMÁTICO PUEDE AFECTAR DE FORMA SERIA LA PENÍNSULA IBÉRICA


El nivel de las aguas costeras subirá un metro y anegará zonas habitadas; enfermedades transmitidas por mosquitos como la malaria o el dengue podrían incrementar su presencia en España; la temperatura media subirá hasta 7 grados en verano, incidiendo en la calidad de vida de la población; habrá más incendios forestales, más crecidas de ríos y aludes; desaparecerán especies animales y vegetales; escaseará el agua en las regiones más áridas; proliferarán los organismos invasores; el régimen de lluvias se alterará; el turismo disminuirá su peso económico…
La Península Ibérica cambiará de cara. «El tiempo de espera para actuar, simplemente, se ha acabado». La frase, pronunciada por José Manuel Moreno, catedrático de Ecología del departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Castilla-La Mancha, tiene el aire de un ultimátum y fue dicha durante la presentación del informe sobre los impactos en España del cambio climático y en el que han participado 400 científicos.
La llamada de atención no puede ser más directa. Las consecuencias del calentamiento global que ya se dejan notar (ola de calor de 2003, deshielo de glaciares pirenaicos, incremento de la temperatura en 1,5 grados en el último siglo, traslado de pesquerías de anchoa y atún cada vez más al Norte, migraciones de aves y floraciones más tempranas) no son nada comparado con lo que se avecina.